Adelaide alejó a Keneth para evitar que este se acercara al desconocido. El pueblo le decía que debía exterminar al muchacho pero ella tenía otros planes, le interesaba demasiado esa historia de que era del otro lado de la barrera y si eso era verdad, quería ser la primera persona que supiera todo acerca de ello. Llamó a dos guardias del palacio y ordenó que se lo lleven a una celda dentro del palacio, cosa que Shin claramente se negó.

— ¡Alto, espérense! No pueden encerrarme ¡Tengo que regresar a mi hogar! — Habló Shin mientras los guardias se le acercaban con paso firme, sin importarles que el de cabellos azules estuviera gritando.

— Mamá, él es de Varmnter Solmara ¡Necesito hablar con él! — Keneth se aferró al brazo de su madre, pero cayó al suelo cuando su madre lo alejó bruscamente.

— No hablarás nada con él Keneth, te he dicho que no debes saber sobre el otro lado de la barrera — Lo levantó para darle unas palmadas en la cabeza, con un cariño que se sentía falso para el pequeño.

Todos los que se encontraban ahí decidieron retirarse ya que la reina se haría cargo de aquello, olvidándose por completo de las dos criaturas que seguían a Shin pero Keneth sí los recuerda y los ve a lo lejos discutiendo (Solo lo estaba haciendo el pulpo). Lentamente se acerca a ellos con sigilo y los toma entre sus brazos para llevárselos a su habitación mientras Vert le grita que lo baje o de lo contrario lo matará.

— ¡Tú, pequeño mocoso! ¿Sabes con quién estás tratando? ¡Yo soy el dios supremo en mi mundo! Y tú a mi lado solo eres un insignif- — Keneth lo tomó entre sus manos y comenzó a apretarlo como su fuera un juguete.

¡Oh dios mío! ¿Eres de verdad? ¡Creí que eras un juguete! — Lo dejó con delicadeza en el suelo y corrió a cerrar su cuarto y ventanas — ¡Soy Keneth Wallace! ¿Ustedes son de Varmnter Solmara?

— ¡Por supuesto que no, mocoso! Nosotros somos de otro universo — Se arrastró con sus tentáculos por el suelo mientras negaba con su pequeña cabeza — ¡Shin te mintió porque tiene un corazón de estúpido! Solo los tontos se preocupan por los demás y se dejan llevar por las emociones.

— Eres un pulpo muy tonto ¡De verdad muy tonto! Si eres rey, entonces… ¡Quizás no deberías serlo! — Cuando Vert estaba a nada de reclamar, Keneth lo tomó con su mano y casi al borde del llanto exclamó: — ¡Los sentimientos de los demás son lo más preciado que se puede tener! Son importantes porque… ¡Demuestran que estás vivo! y usted señor pulpo, ¡Es un completo tonto!

¡Te dijeron tonto, Vert! ¡Así se habla pequeño Keny! —Gritó Shin riéndose del pulpo en el suelo, Keneth se le quedó viendo petrificado — Vert es un pulpo tonto, pero no deberías hacerle caso. No tiene conciencia de los sentimientos ajenos debido a las tradiciones de su planeta ¡Pero seguramente te entendería si pudiera comprenderlo!

— ¡¿Cómo es que lograste escapar de los guardias?!

¡Porque soy el mejor! Esos guardias no podrían hacer nada contra mí. Así que, pequeño Keny… ¿Por qué tanto interés en el “otro lado”? Si me gusta tu historia te ayudaré y si no, también.

— Uhm… Hay… — se detiene por la vergüenza, sus mejillas aunque ruborizadas, no se notan ya que siempre están así por el frío — Hay una…

¡Habla ya pequeño Keny! ¿Qué hay allá que cautiva tu interés? — Se cruzó de brazos con notable enojo en su rostro, Keneth entonces apretó sus manos para armarse de valor.

Hay una chica… Q-Que conocí en la barrera hace… mucho tiempo —Sus pequeñas manos se encontraban jugando nerviosas, Shin tenía una cara totalmente seria, lo que hizo a Keneth sentirse inseguro.

Pero solamente escuchó risas provenientes de Shin y Vert.

— ¿Tanto te costó decir aquello? Está bien querer a alguien pequeño Keny… Uhm, pero ¿No hay una barrera o algo así por allá? ¿Cómo se conocieron? — Preguntó totalmente intrigado en la relación de aquellos dos niños.

Keneth estaba nervioso, no solía hablar con alguien sobre esto pero sentía que podía confiar en Shin.

Hace un tiempo me escapé de casa y fui a la barrera ¡Ahí la conocí! Estaba del otro lado, comenzamos a hablar, así todos los días durante un tiempo… Hasta que desapareció, nunca más fue a la barrera, mi madre se enteró de que yo solía ir allá y me prohibió salir del castillo.