Keneth estaba en su habitación, sentado en el alféizar de la ventana, observando la nieve caer con una mirada perdida. Desde la desaparición de Shin, el castillo se sentía más frío que nunca, y aunque su madre no hablaba mucho del tema, él sabía que algo no estaba bien. El sonido de unos pequeños tentáculos golpeando el suelo lo sacó de sus pensamientos. Cuando miró hacia la puerta, vio a Vert entrando con su típica expresión de fastidio y, sobre su cabeza, una masa viscosa que reconoció al instante. —¿Saeu? —murmuró, frunciendo el ceño al notar que traía algo atado a su cuerpo. Vert se acercó y, sin previo aviso, dejó caer a Saeu en su regazo. —Aquí tienes. Lo encontré arrastrándose por el castillo como si fuera a derretirse —resopló el pulpo. Keneth, ignorando la queja, desató la venda con manos temblorosas. Apenas vio la letra en la carta, su corazón dio un vuelco. Era de Shin. Vert se acercó con el ceño fruncido. —¿Es de él? Keneth asintió y, con un nudo en la garganta, empezó a leer en voz alta. "Pequeño Keny, sé que probablemente estés molesto conmigo o pienses que me fui sin decir nada, pero la verdad es que no tuve elección. Logré encontrar a Mirai pero la situación se volvió algo complicada. No quería preocuparlos, pero tampoco podía ir con ustedes. No sé cuándo podré volver, pero prometo que lo haré. Mientras tanto, cuida a Vert y Saeu por mí. Y no hagas locuras, ¿sí?

Shimizu Shin, el más increíble y genial del mundo mundial (y el mejor cuidador de niños que has tenido)." Keneth apretó la carta contra su pecho y bajó la mirada, mientras que Vert solo chasqueó los tentáculos con molestia. —Ese idiota… —susurró Keneth, conteniendo las lágrimas—. Siempre hace lo que quiere…

Pero al menos sabemos que está bien. Y si Shin dijo que volverá… entonces lo hará. Keneth asintió. Aunque su amigo estuviera lejos, su promesa seguía ahí, firme como la nieve que nunca dejaba de caer en Vintersol Frigard.


Keneth se quedó en silencio, mirando la carta con el ceño fruncido. Las palabras de Shin pesaban en su pecho como una piedra. Sabía que ese idiota no escribiría algo así sin razón, pero eso no hacía que fuera menos molesto. Vert, al notar su reacción, suspiró con fastidio. —¿Y bien? ¿Vas a quedarte ahí como un muñeco de nieve o vas a decir algo? Keneth apretó la carta con más fuerza. —Tsk… ese idiota… —murmuró, sin poder ocultar el temblor en su voz. Saeu, como siempre, se acomodó en su regazo, moviéndose lentamente como si tratara de reconfortarlo. Keneth bajó la mirada y le acarició con suavidad. —Siempre hace lo que quiere —susurró, su garganta cerrándose un poco—. Se fue porque yo le pedí que buscara a Mirai pero… Creí que se había ido para siempre

Vert lo miró con los ojos entrecerrados. —Vamos, no pongas esa cara. Sabes que no es la primera vez que desaparece. —Pero esta vez es diferente. Keneth se puso de pie de golpe, sosteniendo la carta con fuerza. Saeu subió por su cuerpo hasta llegar al hombro, cosa que a Keneth le dio tristeza al recordar a Shin. —La otra vez se quedó aquí. Esta vez… ni siquiera sabemos en dónde está exactamente. Vert no respondió de inmediato. Solo lo observó con una mirada de tristeza, como si estuviera analizando qué decir.

Bueno… entonces encuéntralo. Keneth parpadeó, sorprendido por la respuesta. —¿Eh? —Si no te gusta esperar, haz algo al respecto —dijo Vert, encogiéndose de tentáculos—. No eres de los que se quedan quietos, ¿o sí? Eso es lo que le aprendiste a ése imbécil. Keneth bajó la mirada a la carta una vez más. Su mente se llenó de recuerdos: la vez que Shin apareció de la nada en su mundo, el día en que le prometió que no estaría solo, las incontables veces que se metió en problemas solo para hacer que él se riera. Apretó los puños. —Tienes razón —murmuró, con una chispa de determinación en los ojos. Si Shin podía cruzar dimensiones, entonces… tal vez él también podía encontrar la manera. No se quedaría esperando. No esta vez. El aire en Vintersol Frigard se sentía más pesado de lo habitual. Keneth avanzaba por la nieve con la carta de Shin aún en sus manos, su mente llena de preguntas sin respuesta. ¿Cómo había pasado Saeu por la barrera? ¿Era posible que él también pudiera hacerlo? Adelaide lo observaba desde la distancia, con una expresión indescifrable. Sabía que no podía retenerlo sin levantar sospechas, pero tampoco podía permitir que escapara. —Déjenlo ir —ordenó con frialdad a sus guardias. Keneth llegó hasta el límite de la barrera, sintiendo el aire vibrar frente a él como una pared invisible. Saeu había logrado atravesarla… ¿sería posible que él también lo hiciera? No tenía mucho tiempo para investigar, debía asistir a su fiesta de celebración

Al otro lado, la celebración en el castillo de Varmnter Solmara seguía su curso. Mirai, vestida con atuendos ceremoniales, sonreía a la multitud que la aclamaba como la nueva líder de la nación. Pero su mente estaba en otra parte. —Felicidades, señorita Mirai —dijo un anciano consejero, inclinándose. —Gracias… —respondió con una sonrisa tensa, buscando a Shin con la mirada.

Shin había estado a su lado toda la ceremonia, pero en algún momento había desaparecido. No le extrañaba, él siempre hacía lo que quería, pero esta vez algo le decía que su repentina ausencia no era coincidencia.

Mientras tanto, Shin recorría los pasillos menos transitados del castillo, siguiendo documentos antiguos que había encontrado en la biblioteca. Al parecer, ese día no solo era su cumpleaños, sino también la fecha en que el contrato entre Vintersol Frigard y Varmnter Solmara finalmente se sellaría. Frunció el ceño, hojeando un viejo pergamino.

"El día en que la luz y el hielo alcancen su punto máximo, el sacrificio será inevitable, y el ciclo se cerrará."

…Esto suena como algo malo —murmuró, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda. De repente, sintió un cambio en la barrera. Se giró de inmediato hacia la ventana y sus ojos se abrieron con sorpresa.

Al otro lado, se podía ver el carillo de Vintersol Frigard y de alguna forma, Shin podía ver que estaban preparándose para algo más que una celebración. El aire a su alrededor comenzaba a distorsionarse, hoy Mirai fue proclamada la nueva líder de Varmnter Solmara y Keneth cumplía 16 años el día de hoy, lo que significaba que posiblemente ambos tengan más importancia para la barrera.

No puede ser…

Sin pensarlo dos veces, corrió hacia la salida del castillo. Algo estaba por ocurrir. Y si no hacía algo rápido, temía que esta vez la historia se repitiera… con Keneth y Mirai como las nuevas víctimas. Shin apretó los dientes al sentir el ardor recorrer su cuerpo cuando intentó acercarse a la barrera. Algo estaba mal.

Hasta ahora, él era el único que podía atravesarla sin problemas, pero ahora, en medio de aquella arena la barrera parecía rechazarlo… era como si el mismo contrato lo rechazara. Como si estuviera castigándolo por haber cruzado tantas veces.

Tsk… —soltó un gruñido, forzándose a retroceder.

Mirai tenía que saber lo que acababa de descubrir. Si no podían detener el proceso, al menos debían estar preparados. Sin perder más tiempo, giró sobre sus talones y se apresuró de vuelta al castillo de Varmnter Solmara.